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    relacionados con: Isabel I de Castilla
  1. Isabel de Castilla nació á las 4.30 después del mediodía, [9] del 22 de abril de 1451, día de Jueves Santo. Era hija del rey Juan II de Castilla y de su segunda esposa, Isabel de Portugal . Sus abuelos paternos eran los reyes de Castilla, Enrique III y Catalina de Lancaster , y los maternos, el infante Juan de Portugal , hijo a su vez de Juan I de Portugal , y de Isabel de Barcelos (de la ...

  2. 26/11/2020 · Isabel la Católica. Hija de Isabel de Portugal y Juan II de Castilla, Isabel nació en 1451. A pesar de que su destino no era ocupar el trono –tenía un hermano mayor por parte de padre, Enrique, que heredaría el trono castellano–, pero tras su matrimonio con Fernando de Aragón se proclamó reina de Castilla.

  3. Isabel I. La Católica.Madrigal de las Altas Torres (Ávila), 22.IV.1451 – Medina del Campo (Valladolid), 26.XI.1504. Reina de Castilla. Hija del rey Juan II de Castilla y de su segunda esposa —Isabel de Avís—, que pertenecía a la Casa de Braganza, nació en la tarde del Jueves Santo de 1451 en la residencia aneja al convento de Madrigal; su padre estaba ausente, por lo que hubo que ...

  4. Isabel I la Católica (También llamada Isabel I de Castilla; Madrigal de las Altas Torres, España, 1451 - Medina del Campo, id., 1504) Reina de Castilla y León (1474-1504) y de la Corona de Aragón (1479-1504).

  5. Isabel I de Castilla - Isabel la Católica Reina de Castilla (1474-1504) –Nací y moriré en Castilla– Considerada uno de los personajes más importantes de la historia de España.

    • Llegada de Isabel A La Corte
    • Pacto de Los Toros de Guisando
    • Nuevo Inicio de Batalla en Castilla
    • Isabel Y Fernando Reyes de Castilla de Aragón
    • Reconquista Del Reino de Granada
    • Unión de Reinos
    • Unidad de Fe, Expulsión de Los Judíos
    • Descubrimiento de América
    • La Santa Inquisición
    • Conversión Obligada de Musulmanes

    Muerto el rey don Juan (Valladolid, 1454), ocupó el trono su hijo don Enrique IV, habido de su primera esposa, doña María de Aragón, y por ello hermanastro de la futura Isabel I. Esta y su hermano don Alonso quedaron recluidos en Arévalo con su madre doña Isabel. Muchos años tristes. Muchos años eslabonados de penas y sobresaltos. La niña Isabel reza, lee libros ascéticos, sueña, atiende efusivamente a su madre, en quien la locura empieza a manifestar sus rigores. Pero su hermanastro el rey decidió que Isabel y Alonso marcharan a la corte, establecida en la ciudad de Segovia. Porque pensaba lo útil que podría ser a su política el casamiento de su atractiva y seria hermanastra. A punto estuvo de contraer forzado matrimonio con el rey don Alfonso de Portugal. Poco después aún peligró más su futuro, pues que don Enrique dispuso su enlace con el brutal, vicioso y poderoso caballero don Pedro Girón. Menos mal que la Providencia, velando por tan honesta doncella, determinó que don Pedro s...

    A Isabel sólo le consoló de tantos pesares, de tantos sobresaltos, la presencia a su lado de su muy amado hermano Alonso. Pero este consuelo terminó pronto, pues don Alonso murió al año siguiente en 1468. Y casi en seguida se iniciaron las conjuras en torno a otra desgraciada criatura: la princesa doña Juana, hija de Enrique IV y de su hermosísima esposa doña Juana de Portugal; pues eran muchos en Castilla, nobles y plebeyos, los que creían que doña Juana no era hija legítima del monarca, sino habida del adulterio de doña Juana con el favorito don Beltrán de la Cueva; de aquí que la denostaran con el infamante calificativo de Beltraneja. Estos nobles, muerto el infante don Alonso, tomaron a Isabel como su reina y juraron luchar a su favor. Pero Isabel, dando pruebas de cordura y respeto a su hermanastro, se negó a llamarse reina y aun se retiró al convento de Santa Ana, en Avila. En algún momento de honda turbación, muy enamorado pero muy celoso de su esposa, inclusive haciendo buen...

    Parece innecesario declarar que cuando se enteró de este matrimonio, el rey don Enrique «montó en cólera» y determinó «tomarse gran venganza». Que consistió en gritar que doña Juana «la Beltraneja» era su hija legítima, y que sólo ella era la heredera de su reino. Los gritos y el reconocimiento del monarca llegaron tarde; y la infeliz princesa se encontró con escasísimos defensores para sus derechos. Escasísimos, pero algunos de ellos poderosos, intrigantes hasta la obsesión: el marqués de Villena, el conde Arévalo, y el danzante arzobispo Carrillo que había cambiado de bando como quien cambia de camisa. A estos poderosos partidarios de «la Beltraneja» se unió el rey don Alfonso de Portugal, a quien Isabel había dejado «compuesto y sin novia». Ni corto ni perezoso, don Alfonso decidió quitar su novia al hijo y ser él quien contrajera esponsales —en Plasencia— con doña Juana. Apenas celebrados los cuales, don Alfonso, al frente de aguerridas huestes, penetró en Castilla por Zamora y...

    Poco después, Isabel y Fernando, con un gran ejército marcharon a tierras extremeñas, en las que se habían refugiado los nobles y el arzobispo partidarios de «la Beltraneja»; porque el rey de Portugal había huido con ligereza de corzo hostigado a sus inviolables tierras. Al marqués de Villena se le privó de su señorío de Trujillo. Todavía durante algún tiempo «colearon» las pretensiones portuguesas acerca de Castilla; pero derrotado el rey don Alfonso en Albuera 1479, hubo de aceptar el Tratado de Alcozobes, en el que tanto él como doña Juana «la Beltraneja» renunciaban a sus pretensiones. Y como en 1479 falleció el rey de Aragón don Juan II, y como desde 1474 —año en que murió Enrique IV — era reina de Castilla Isabel, en aquel año quedaron unidas las coronas de Castilla y Aragón. Aprovechando aquella «clarita» en las guerras intestinas y en las políticas subversivas, los monarcas decidieron dar batalla a fondo contra la nobleza, para privarla de sus abusivos poderes y feudos sobre...

    Pero la fórmula de Estado que implantaron los Reyes Católicos no se correspondía con la integridad del cuerpo físico de la nación. España seguía repartida. Todavía en sus tierras del sur existían fragmentos de lo que fue poderoso Califato de Córdoba. Era preciso poner el broche a la reconquista empezada, siglos antes, en un rincón asturiano y en otro rincón pirenaico. Este broche no se cerraría mientras hubiese musulmanes en el llamado reino de Granada. Y contra este reino dirigieron sus ejércitos Isabel y Fernando. El monarca, con su habitual arrojo, al frente de sus huestes. La reina, derrochando energías en los frentes de combate y en la retaguardia. Ante Málaga — 1487 —, en las operaciones que determinaron la rendición del Zagal. Ante Granada, creando la ciudad de Santa Fe, y el primer hospital de sangre; allegando dinero, estudiando planes, sacando levas, animando a los atacantes de vanguardia. Un día de 1492 logró entrar en Granada. Isabel pudo sonreír con plenitud de gozo. La...

    Isabel y Fernando, ella con asombroso instinto político, él con su astucia diplomática y su sabiduría política —inspiradoras de maquiavelismos especialmente «fabricados» para el mejor príncipe europeo —, pensaron en el valor de las alianzas familiares para fines de interés internacional. Los Reyes eran los «propietarios» de los países que gobernaban. Por ello, si los «propietarios» se unen, si las Casas familiares reinan, la paz entre los príncipes cristianos es un hecho. Los hijos de Isabel y de Fernando enlazarían Cortes con Cortes sin necesidad de acudir a las guerras. Para Portugal destinaron a su primogénito don Juan, ya que el casamiento de éste con la heredera de aquel reino conseguiría la tan ansiada unidad peninsular.

    La unidad española quedó afirmada sobre dos pilares ingentes: el territorio y el Estado sin mediatizadores. Pero aún faltaban la unidad religiosa y la unidad de raza. Para conseguir una fe sin desviaciones era indispensable la propagación obsesiva del catolicismo. Los musulmanes y judíos hispanizados fueron respetados en sus creencias. Pero algo ocurrió entonces que originó alarma en los soberanos. Por el Mediterráneo pululaba la piratería turca y berberisca. Las costas españolas quedaron casi cerradas a una navegación normal, pues las leguas para la vigilancia eran muchas y los piratas parecían contar con auxiliares poderosos tierra adentro. Tanto por propio convencimiento como para ganarse la confianza de sus súbditos, los Reyes Católicos, haciendo caso omiso del respeto a los judíos determinado en las capitulaciones de Granada, publicaron — 1492 — la orden de expulsión contra los hebreos. Expulsión injustificada y dañosa para España, cuyo motivo último pareció ser el especialísim...

    Como si Dios quisiera premiar los admirables ideales y trabajos de Isabel y Fernando, en 1492, bajo el empuje de Castilla y León (pues Aragón y Cataluña, haciendo reservas, habían alegado, como escribe Tarsicio de Azcona, «reparos jurídicos», «dudas técnicas», «dificultades prácticas»), se lanzan los marinos de Moguer, capitaneados y dirigidos por Martín y Alonso Pinzón, a la aventura que ha organizado «como en ensueños» Cristóbal Colón, tratando de hallar el camino directo entre el Occidente europeo y el Este asiático, con lo que se acortaría el camino comercial del tráfico de especias, tan apreciadas y bien pagadas. Por su parte, los andaluces de Huelva estaban seguros de que entre Europa y Asia se interponía otra tierra. La historia de Alonso Sánchez de Huelva corría de boca en boca. La confluencia de las dos convicciones —la de Colón, camino del Asia, la de los andaluces occidentales, nuevas tierras que buscar— determinaron el descubrimiento del continente infelizmente «bautizad...

    Antes de estos sucesos en 1478 autorizó el Pontífice Sixto IV a los Reyes Católicos el establecimiento de la Inquisición, para que ésta velara con rigurosidad por el mantenimiento de un catolicismo químicamente puro en todos los territorios nacionales. A esta institución, y a su inquisidor general fray Tomás de Torquemada, debieron los judíos su expulsión. Antes aún, en las Cortes de Madrigal, de 1476, quedó fundada la Santa Hermandad, una institución benemérita dedicada a imponer la tranquilidad en pueblos y caminos, a terminar con el bandolerismo reinante, a romper cuantas anarquías pudieran levantarse; los cuadrilleros — soldados a caballo — de la Santa Hermandad, constituyeron las más eficaces milicias de gobierno interior. Isabel impuso la Santa Hermandad en Castilla y León. Pero Isabel y Fernando no lograron imponerla en los reinos de Aragón y Cataluña sino «provisionalmente»: impuesta en 1488, quedó suprimida en 1510.

    Nuevas empresas de Isabel y Fernando fueron la creación de un ejército permanente; la estabilización del Consejo de Castilla; la imposición de una monarquía absolutamente absoluta; la incorporación a la Corona de las Ordenes Militares; la conversión al catolicismo de cuantos musulmanes quedaban en España, misión en que ayudaron a la reina el famoso cardenal Mendoza y el no menos famoso cardenal Francisco Jiménez de Cisneros. Esta última empresa motivó que, sublevados muchos musulmanes — moriscos — que deseaban conservar su religión, se refugiaran armados en las Alpujarras, defendiéndose hasta encontrar la muerte. La Capitulación que se les otorgó —en mayo del año 1501 — les colocaba ante la disyuntiva de convertirse, siquiera fuera «de dientes afuera», o abandonar España. Tan impolítica medida motivó la salida de España de los más abnegados trabajadores de sus tierras: los moriscos, algunos de cuyos cultivos todavía se conservan, inmejorables.

    • Juventud de Isabel I de Castilla
    • Matrimonio Con Fernando de Aragón
    • Reina de Castilla
    • Los Reyes Católicos

    La turbulenta e intensa vida y marcado destino de Isabel I de Castilla, apodada «la Católica» (1451-1504), comienza mucho antes de su nacimiento, con la rumorología que salpicaba en aquellas épocas a toda su familia real y noble linaje. Su padre, el rey Juan II, estaba muy unido a su valido, mejor amigo y fiel apoyo, el condestable de Castilla y maestre de la Orden de Santiago, Álvaro de Luna. Muy duchos los dos en las artes de batalla caballerescas, aficionados a la filosofía y a la poesía, muy pronto los ambiciosos nobles que frecuentaban la corte murmuraron que De Luna tenía al rey extrañamente hechizado. La segunda mujer de Juan II y futura madre de Isabel, Isabel de Portugal, sentía tal animadversión hacia De Luna ―quien se había hecho ya demasiado poderoso en la corte― que ejerció su influencia hasta que éste fue mandado ejecutar públicamente en 1453. Juan II moría un año después, consumido por la pena y el remordimiento por haber mandado ejecutar a su más fiel amigo, pronunci...

    La más notoria desobediencia de la futura reina Isabel a los dictados de su familia y entorno se encuentra en la trampa que accedió a cometer para casarse con Fernando de Aragón, en vez de con el ya mayor Alfonso V de Portugal, «el Africano», como su hermano mayor, el rey Enrique IV, pretendía. El rey tenía derecho a decidir sobre el matrimonio de su hermana menor por el tratado de los Toros de Guisando. Por lo visto, Enrique pretendía casar a su hermana menor con Alfonso V para así prometer a su hija Juana con el hijo de éste, y así Isabel hubiese sido reina de Portugal, y Juana sería eventualmente reina de Castilla y también de Portugal, por tanto alcanzando un rango y dominio mucho mayores que los de su tiastra. A ésta no le pareció bien la posibilidad de que se diese tal desenlace. Se entablaron unas negociaciones secretas que culminaron en el compromiso entre Isabel y Fernando de Aragón, hijo de Juan II de Aragón «el Grande» y de Juana Enríquez, con lo que se juntarían las coro...

    Al día siguiente de la muerte de su hermano mayor, Isabel se autoproclamó solemnemente reina de Castilla contra los legítimos derechos de su sobrina Juana, y empezó una campaña exigiendo obediencia a las diferentes ciudades del reino. Por otro lado, Juana (aunque seguramente más bien se trató de los nobles partidarios de su reinado) buscó pactar alianza y matrimonio con el ahora despechado rey de Portugal, su tío. La guerra por el trono de Castilla fue extraordinariamente sangrienta, y no finalizó hasta 1479, con la victoria de los Reyes Católicos y la obligación por tratado a Alfonso a repudiar a Juana, quedando así ella de nuevo oficialmente soltera. Haciendo honor a su lema, los Reyes Católicos no escatimaron esfuerzos «tanto en cortar como en desatar» por alcanzar sus objetivos. En el Archivo Histórico de Zamora se encuentra el original de un Manifiesto del año 1475 escrito (o, más bien, firmado, pues era aún muy joven para ser poco más que una marioneta en manos de los nobles q...

    Y también encontró, junto a su marido, otra fuente muy importante de poder en la Inquisición, tribunal eclesiástico que se dedicaba a indagar en los crímenes y profanaciones contra la fe católica, y que castigaba a los considerados culpables de las formas más brutales y salvajes que se conocen de la época del medievo. La Inquisición perseguía no solamente a las personas acusadas de practicar magias o ritos paganos, sino también a todos aquellos que iban contra la Iglesia Católica Apostólica y Romana; eso es, también contra los judíos, árabes o mudéjares, de ahí, el dictado de la Pragmática de 1502, ordenando la conversión o expulsión de todos los musulmanes del Reino de Granada. El apoyo de la Santa Inquisición permitía que hasta los Papas temieran el poder que eventualmente la pareja de los Reyes Católicos adquiriría. Muchas de estas decisiones tenían que ver más con Isabel que con Fernando, hasta el punto en que se han encontrado cartas de éste manifestando que habían subvencionad...

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